domingo, marzo 29, 2015

Una carta de muerte

Los perros comenzaron a ladrar, concientes de la barbaridad que estábamos a punto de cometer.
Somos crueles. Nostros, los humanos. 
Nos consideramos el mundo civilizado y somos los seres más brutales del planeta.
Alejamos a nuestros enfermos de nosotros en hospitales sin alma, los enterramos lejos, muy lejos, y después tapiamos sus tumbas para evitar que el olor de la muerte nos recuerde lo cerca que está nuestro final.
A ella también se la llevaron a un sepulcro oscuro y frío. 

Sabemos que no somos inmortales, y a pesar de eso... ninguno de nosotros piensa jamás en su muerte hasta que está tan cerca, que ya no hay marcha atrás. Ninguno de nosotros quiere ser enterrado en un cementerio plagado de tristeza y desolación, pero sin embargo, cuando es uno de nuestros amigos o familiares quien muere, los alejamos de nuestras vidas y los abandonamos en la necrópolis.

Yo no quiero morir, ni ser enterrada. Tampoco quiero ser olvidada. Pero no será suficiente escribirlo para conseguirlo.

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