domingo, marzo 29, 2015

Tu sonrisa

Tu sonrisa.
Tus ojos.
Justo al final, cuando creo que ya no puedo soportar ni un segundo más sin ellos, mi mente los devuelve a mi, en forma de flashes.
Me engaña.
Me hace creer que puedo morder esos labios. Mirar a esos ojos tan de cerca...

Pero tú no estás aquí. Y esa parte de mi que se mantiene cuerca, que me susurraba al oído que todo esto era una simple locura, ahora me grita que esos ojos, que esa sonrisa, son solo un producto de mi imaginación.

Si te tuviera aquí,
¿qué te diría?
Que ahora lo tengo claro. Tan claro como el agua.
Tú eres lo que llevaba tanto tiempo esperando.

Una carta de muerte

Los perros comenzaron a ladrar, concientes de la barbaridad que estábamos a punto de cometer.
Somos crueles. Nostros, los humanos. 
Nos consideramos el mundo civilizado y somos los seres más brutales del planeta.
Alejamos a nuestros enfermos de nosotros en hospitales sin alma, los enterramos lejos, muy lejos, y después tapiamos sus tumbas para evitar que el olor de la muerte nos recuerde lo cerca que está nuestro final.
A ella también se la llevaron a un sepulcro oscuro y frío. 

Sabemos que no somos inmortales, y a pesar de eso... ninguno de nosotros piensa jamás en su muerte hasta que está tan cerca, que ya no hay marcha atrás. Ninguno de nosotros quiere ser enterrado en un cementerio plagado de tristeza y desolación, pero sin embargo, cuando es uno de nuestros amigos o familiares quien muere, los alejamos de nuestras vidas y los abandonamos en la necrópolis.

Yo no quiero morir, ni ser enterrada. Tampoco quiero ser olvidada. Pero no será suficiente escribirlo para conseguirlo.