viernes, septiembre 20, 2013

Aquel verano.

Aquel verano no debió acabar nunca.
Las noches contemplando las estrellas.
Los paseos a media tarde.
Las siestas interminables hasta que caía el sol.
No necesitamos contemplar el mar para tener la felicidad absoluta.

Hoy la mañana ha necesitado tres días para conseguir amanecer y la luna lleva escondida desde entonces.
El mundo ha cambiado y se vuelve insoportable desde que decidiste irte.

Una llamada no es suficiente. Los recuerdos vuelven, me torturan, me ahogan cuando intento dormir. Cierro los ojos y todos esos momentos regresan como un flash que me ciega. Todo retorna, menos tú.

Ya no hay un beso antes de dormir, ni un beso al despertar. No encuentro la calidez de tu cuerpo en ningún sitio, ni el lugar donde se esconden tus labios cuando sonríes. La forma infinita de tus ojos. El olor de tu pelo. La seguridad de tus brazos. La debilidad de tu oreja.

He perdido el rumbo, un motivo por el que seguir. Te he perdido a ti, y aún peor, ya no logro encontrarme a mi.