sábado, mayo 22, 2010

No tengo dudas.

Ha vuelto el verano. Las eternas tarde bajo el sol sofocante. La ensalada de pasta de los domingos al mediodía.
Hoy me he acordado del dibujo de la playa que con más o menos destreza, coloreabamos el último día de clase de cada curso durante la educación primaria. Y hoy estoy aquí. Acercándome sin freno a un abismo, un acantilado, un precipicio.
Desconozco su profundidad. Su cercanía. ¿Sobreviviré al impacto? Creo que aún quedan algunos pasos hasta llegar.
Un cartel, desafiante, se sitúa a poco menos de un metro del final. No consigo verlo. Corro en su dirección, me mata la curiosidad.
Tan solo un número en el cartel: 18. No tengo dudas ahora. Salto sin tan si quiera cerrar los ojos.

domingo, mayo 16, 2010

Pum pum pum pum

Cerré los ojos. Tapé mis oidos. Intenté aislarme por completo del mundo. Necesitaba un momento a solas, solas mi mente y yo. Me tumbé sobre la cama y esperé. Me quedé quieta.
Después comprendí que era imposible cortar el hilo que me unía al exterior. Y es que podía oir con claridad mi corazón latiendo, y latiendo por todo lo que había quedado fuera.

viernes, mayo 07, 2010

... y todos los días un poco mas cerca.


Sé que la vida es mucho más que una simple tarjeta de embarque. De ella nos servimos para sentirmos completos, para recorrer un camino por las tierras de la felicidad y lo desconocido, para conocernos un poquito mejor.
Mi cabeza se llena de recuerdos. ¿Olvidaré algún día las visitas de estación en estación? ¿Lo que se sentía al pasar tardes, mañanas y noches escribiendo hasta caer rendida?
Es cierto que te echo de menos.
Pero no temeré al futuro, a los retos aparentemente imposibles o las inevitables caidas por lo tortuoso del camino. Llevo casi diecinueve años preparándome para salir airosa, y más fuerte, de todo lo que tiene que llegar.


Anoche soñé con un muelle. Yo estaba sentada en la orilla. Miraba al horizonte. Un barco llegaba.

domingo, mayo 02, 2010

Unos ojos, los tuyos, nada más...

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha obscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista fijo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por tus ojos
pero a donde me arrastran, no lo sé. 


GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER