viernes, diciembre 11, 2009

Su nombre impreso en un miserable pedazo de papel...


Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.

 El jueglo del  Ángel.  
Carlos Ruíz Zafón.



En ese momento, él se tumbó en la cama. Había cerrado los ojos y escuchaba con atención cada una de las palabras que ella leía. Qué sensación tan grata. Él la estaba escuchando solo a ella, y ella leía solo para él.

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