lunes, diciembre 31, 2007

Un nuevo año debe entrar.

Los últimos rayos de luna de este año entran por la ventana, llegan a mi cara como tu nombre a mi corazón. Tan solo 45 minutos me distan de un nuevo año que en instantes entrará. Te dejó atras, 2007. Tú siempre serás recordado como ese tiempo en que perdí al amor de mi vida si a esto vida se le puede llamar.
La turba furiosa surca este cielo, trayendo a mi mente recuerdos de tantas noches que por ti viví sentada en esta silla.
Dos lágrimas rozan mi cara, trayendo consigo un intenso frío que todo lo nubla, y te noto más lejos, y te noto distinto a como te debería recordar.
Debo imaignar mi futuro año en color rosa, un futuro año que el destino guarda para mi. Pero por muy lindo que prometa ser, espero que no por ello olvide esto que siento, estas tantas noches sentidas y ESTE SENTIMIENTO QUE NI EL MAYOR DE LOS POETAS PUDO EXPLICAR.
Me despido con dos poesías escritas en mi terraza, en esas siesta en las que el mundo parece acabar. Berceo y el Arcipreste de Hita consiguieron inspirarme unos minutos antes de tener que estudiarlos para el examen de literatura.
Son pocos (ni tan pocos...) los lectores de este blog, pero no por eso menos especiales, todo lo contrario. Guada, esto sigue por ti.

Ni cielo o tierra
Ni fuego o mar
Solo tú seguirás siendo
esos cuatro elementos
que en mi mundo
han de reinar.


¿Y qué si el mundo se venía abajo o estaba abajo ya?
¿Y qué si el Sol estallaba en mil pedazos y sus rayos no nos habrían de llegar?
¿Y qué si todo por lo que luchaba no se podría hacer realidad?
Si a estas alturas de mi vida muerta, muy muerta quería estar.


Te quiero, y aunque cada tarde me pregunte el como y el porque, no puedo cambiarlo, ni engañarme dentro de mi. Si es cierto que te olvidé, ¿porqué tengo miedo de leer tus correos? Azul, devuélvemelo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

necesidad de comprobar:)